Baires 5

Las turistas están bronceadas, pasean orondas con sus shorts y remeritas. Son amables, tímidas, esquivan la mirada, como si tuvieran pudor de invadir la privacidad de quienes las rodean. Quizás, ahí radiquen el orden y respeto que hay en otras latitudes, en el principio de no molestar a los demás.

El inglés suena en todo el centro, se convierte en un eco inherente a la ciudad. Muchos hablan con argentinos en la lengua de Milton, y como ya se dijo, agradecen con amabilidad ante cualquier ayuda: Thank you, thank you so much.

Los argentinos no podemos evitar invadir, un poco por naturaleza, ante cualquier oportunidad entablamos un dialogo con quienes nos rodean, y otro poco, en el caso de los turistas, porque es la oportunidad de hablar con alguien de otra parte, conocer algo de ese mundo que descubrimos sólo a través de los medios o de algún viaje efímero. Ellos al principio lucen distantes, saludan dando la mano, aun entre hombre y mujer; luego, gradualmente, se sueltan un poco, se dan cuenta de que acá no se considera mal invadir al otro. Acaso en el equilibrio esté el camino correcto, ellos aprenden a socializar un poco más y nosotros a respetar. Socializar hasta cierto punto, sin perder el respeto.

En Florida y Lavalle, unos bailarines de tango hacen lo que mejor saben hacer, a la gorra. En la gorra hay dólares y pesos. Un locutor cuenta que es padre de la bailarina, y suegro del bailarín ¿La suegra?, bien gracias; bailando salsa en Nueva York. La chica es un caramelo, su nombre Fanny, rompe un par de medias por día; es que el talle 1 le queda chico y el 2, grande. El que quiera una foto con ella o con el compañero sólo tiene que pedirla, es gratis, no como en La Boca o Recoleta que te afanan, dice el locutor. Un poco más allá, a la altura de Córdoba, entro a las Galerías Pacifico y bajo al baño. Sentada en el patio de comidas, una chica con el pantalón bastante bajo asoma tanga roja. Desde abajo observo las escaleras mecánicas, más minas, buenas colas, que buena perspectiva. Luego voy a Harrod`s, Mundial de Tango; más bailarinas y hermosas promotoras de Clarín. El salón es imponente, recuerda la Buenos Aires de antes, la que aún valoraba el respeto; imperdibles el parquet y las luminarias que penden del techo.

Desando el camino hacia Plaza de Mayo. Abordo el subte. Sube una pelirroja que llama mi atención. Después me doy cuenta de que es turista; lee todos los letreros, luce insegura. En Loria quiere bajar; espera que la puerta se abra, pero no abre. No se anima a pedir ayuda. Estoy a punto de decirle que se traba, que tiene que abrirla ella, cuando sola se da cuenta y lo hace. Deseo que llegue sana y salva a donde quiera que vaya. Yo bajo en Carabobo y camino hasta Nazca. Allí en la esquina, una chica me pregunta, dónde para el 63. Justo enfrente.

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