Directo al cerebro

Luciano Doti

Cuando mi amigo estadounidense me contó esta historia mi primera reacción fue un escepticismo mayúsculo. Es cierto que la ciencia avanza a pasos agigantados, y mucho más en el país que constituye la mayor potencia mundial. Pero esa no era razón suficiente como para considerar que fuese posible dominar la mente de las personas mediante un virus creado en un laboratorio.”¿Qué sabes de armas biológicas?”, me preguntó sin darme tiempo a digerir lo que acababa de oír. Le comente todo lo que sabía, lo poco que sabía. Que son armas elaboradas para infectar a la población con virus como el ébola o la viruela, y que de caer en manos de organizaciones terroristas pondrían en riesgo la salud de la gente y, obviamente, el orden mundial imperante en la actualidad. Esa era toda la información que manejaba hasta el instante en que el me contó acerca del virus de dominación cerebral inducida. La existencia de este último es lo que mi natural tendencia al raciocinio me impedía asimilar. Por que una cosa era aceptar que gente mala, terroristas, pudieran querer sembrar el caos utilizando la cepa viral de enfermedades ya extinguidas en la mayor parte del mundo, y otra cosa, muy diferente, era creer que un laboratorio hubiese desarrollado un virus hasta ese momento inexistente en el mundo y, aun peor, detrás de este proyecto no había terroristas sino grandes corporaciones que utilizarían el posible éxito de ese emprendimiento para dominar a la población, induciéndola a votar y a consumir todo lo que determinados programas televisivos le ordenara. Para ello tenían un equipo de publicistas sin escrúpulos, los cuales se especializaban en mensajes subliminales. Los mismos consisten en una serie de conceptos que ingresan visual o auditivamente a la parte inconsciente del cerebro del televidente y luego pasan a la parte consciente, creando en la mente de éste la sensación artificial de que ese concepto nació de su propio pensamiento y no de un estímulo externo. El resto es muy simple, los cerebros poblados por esos virus de dominación cerebral inducida (VDCI) no tardarían en ceder ante dicha sugerencia. Ahora bien, ¿de qué manera se colonizarían esos cerebros? Aquí viene lo disparatado del asunto. Durante los últimos años los implantes mamarios se han ido incrementando notablemente; se calcula que en EEUU 3 millones de mujeres ya los tienen. También sabemos que los mismos muchas veces son factibles de filtraciones; una pequeña rotura en la bolsa contenedora libera el fluido dejándolo en contacto con la sangre. Luego la sangre circula por todo el cuerpo, irrigando la totalidad de los órganos, incluido el cerebro. Conocedores de esta situación, estas corporaciones a las cuales les interesa dominar a la población, habrían invertido en empresas fabricantes de estos implantes, introduciendo en el interior de los mismos el omnipotente VDCI. De manera que en pocos años millones de mujeres estadounidenses serian “inducibles” para estas corporaciones. Más teniendo en cuenta que en ese país aproximadamente mil mujeres se colocan implantes diariamente, eso sin contar los que se realizan en el exterior. Por último no debemos ignorar que la mayoría de estas damas son blancas, de clase media hacia arriba y residentes en las principales ciudades del país, es decir pertenecen a la clase dirigente estadounidense. Son profesionales, empresarias, madres, esposas…no seria prudente subestimar la influencia que tienen sobre la sociedad.

Tras oír ese pormenorizado informe había quedado atónito mirando a Paul, mi amigo estadounidense, a la espera de que éste me dijera algo más, algo que doblegara mi escepticismo. Sin embargo, Paul no agregó nada más. Simplemente se limitó a permanecer sentado frente a mí, y bebió otro sorbo de su cerveza. A mí se me cruzaban mil hipótesis por la cabeza; si esta gente conseguía su cometido en EEUU, no pasaría mucho tiempo hasta que extendieran esa influencia al resto del mundo; incluido mi país, la Argentina. Pese a lo absurdo que me había resultado oír esa teoría al principio, comenzaba a tomarla en serio. Quedaríamos a merced de un grupo de inescrupulosos empresarios. Ahora que lo sabíamos debíamos actuar rápido, para impedir que este perverso plan siguiera su curso.”Hay que advertir a las mujeres sobre esto”, le propuse a Paul. El continuó inmutable frente a mí, bebió un sorbo más de cerveza y luego me respondió. ”Algunas ya lo saben, pero no pueden aparecer diciendo esto públicamente porque las tomarían por locas. Nadie les creería. ” ”Entonces no hacen nada”, acoté resignado.”Usan la excusa del cáncer de mama, pero no esta funcionando; cada vez hay mas estudios que echan por tierra la relación entre el cáncer y los implantes”.”¿Y entonces?”.”Y entonces nada. No se puede evitar lo inevitable, así que, para que luchar. La vida puede estar llena de paz cuando dejas de nadar contra la corriente. Después de todo, no están tan mal, las rubias y pelirrojas con el busto grande…”, dijo Paul, y miró en dirección a una mesa cercana a la nuestra. En efecto, había dos mujeres, una rubia, pelirroja la otra, con sendos implantes mamarios. Notaron que las mirábamos y sonrieron, fue allí, en ese momento, que lo entendí. ¿Para qué luchar, para qué nadar contra la corriente, si la suerte del mundo ya esta echada? Y después de todo, lo que nos depara el futuro, no es tan malo.

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One comment

  1. Este blog ha llegado a las 13 mil visitas, gracias a todos los que leen mis cuentos y dejan sus comentarios; sin ustedes este espacio no tendría sentido.Saludos, y nos estamos leyendo.

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