Sin Fronteras

por CARLOS LÓPEZ DZUR
(Orange County-California-USA)

Gaceta Virtual: Antología Anual SIN FRONTERAS
Selección: Norma Segades-Manias

Sin fronteras muy bien puede que perfile una recopilación, excelente y cualitativa, de poemas de autores que escriben en español, independientemente de si residen en los EE.UU. o Europa; el recaudo poético se fortalece con ilustraciones, pinturas al óleo, acuarelas, fotografías, y/o medios gráficos, en los que destacan los artistas Vito Campanella (Monópoli-Bari-Italia), Ana Isabel André (Alentejo-Odemira-Portugal), la italiana Rita Panfili, el brasileño Sebastiao Salgado (Aimorés-Minas Gerais-Brasil), la acuarelista Edith Lomovaski (Telaviv-Israel), Berenice Barreto Fernández (Crato Ceará-Brasil) y el artista Luis Roberto Makianich (Huntington Beach, CA.)

Rita Velosa (Sao Paulo, Brasil) aporta poemas en portugués y otra paulista, Marta Rodríguez, poesía y prosa en portugués. En traducciones al español por François Szabó, la rumana Ioana Trica (Grindu-Ialomita-Rumania) nos brinda textos poéticos y, en español, un fragmento de la novela “Historias de Falacia” lo envía Gustavo Consuegra Solórzano (Helsinki-Finlandia), mientras Ian Welden se despacha con textos desde Copenhague-Dinamarca, y Olivier Herrera Marín envía sus poemas desde París. Muy agradable fue hallar un envío de Norton Contreras Robledo, desde Malmö- Skåne, Suecia, acerca del esencial tema “Sobre el oficio de escribir”.

Una antología, con el lema «Sin Fronteras», por lo mismo que no excluyó a españoles de distintas regiones peninsulares, ni a suramericanos, centroamericanos o caribeños, tuvo una representación en los Estados Unidos con los poetas Yosie Crespo (Miami), Luis Ambroggio (Washington-DC), Miriam Brandan y Carlos López Dzur (California). ¿Qué implica? Que las convocatorias virtuales pueden ser exitosas. La internet está poniendo en contacto a poetas de una calidad importante en lengua española y desde cualquiera sea el lugar del mundo.

Un emprendimiento editorial y virtual de esta calidad no sorprende, considerando el esfuerzo, disciplina editorial, experiencia y criterios selectivos que distinguen a la directora Norma Segades (también directora de la Editorial Alebrijes) y tampoco que tenga una representación tan diversa. De hecho, el número de poetas argentinos es preponderante. Tienen una intensa vida virtual en favor de las artes, sólidas comunidades de artistas, con madurez y riqueza estética, y esta presencia poética sólo se explica por amor a la lectura y a su formación humanística y literaria.

Entre las inquietudes que me despierta este homenaje antológico, fundamentalmente al idioma español, aunque haya textos en portugués incluídos, una es el sentido de solidaridad, el vínculo poético con el idioma, no importa el lugar del mundo en que se esté. La antología sirve para recordar cuán migratorios somos los poetas y los artistas todos y cuan hermosamente se cualifica el deseo de comunicar y pensar, entre otros temas, los siguientes, que son los que abundan en esta muestra:

(1) Cada vez que leo una antología me gusta ver la salud o estámina social de los grupos o poetas de los diversos países que se representan. ¿Quiénes articulan una voz política, o utilizan el poder persuasivo / sugerente / de la palabra; para iluminar disyuntivas? Porque todo puede ser, ante la sensibilidad, una ‘causa’ que requiera de apoyo: la ecología, el desamparo infantil, el hambre o la opresión…. Creo que todos los poetas andan en una búsqueda subjetiva, en adición a lo social, mas: ¿cuán urgente es la primera a fin de no darse una evasión?, siendo que como dice la bonaerense Amalia Mercedes Abaria vivimos / miramos / como desde «frágiles plataformas», sedientos de horizontes y con deseos de «lanzar (el) corazón hacia la luz»

Entre poetas abiertamente sociales, en esta muestra, están los argentinos Bernardo Schifrin (la compasión y defensa del campesino); la chilena Alicia Fontecilla (quien, entre sus textos, protesta la crueldad de la dictadura de Augusto Pinochet, «el día en que los militares le dieron vuelta la casa a culatazos»), la residente de Honduras, Diana E. Vallejo, en su “Fuga Política”, avisa sobre la cantidad de «buitres (que) rodean el Congreso», la naturaleza de «sus voces huecas e impopulares», como «trampas mediáticas», cuya misión está ya vigente: asechan a los hijos no natos, /vuelan cerca /se quieren comer sus voluntades…

A este poema de grito y desesperación, la propuesta es aprender de (hacernos) «la voz cantante / Lo sabio de un pueblo humillado». Si bien sentimos una hablante poética que «Busca la raíz / su origen», ir fondo de su angustia («la hierática angustia / la calma que estrangula») para poder superarla y, de veras, llegar «hasta nosotros / De nuevo»). El libro inédito “Los abandonos”, del que ella ha colaborado sus textos, muestra una profunda, enérgica poeta de estámina existencial.

Rossana Arellano, chilena, prefiere cantar a la «Patria no dormida», a la que puede ser «espiga de paz, madre infinita». Canta a la libertad y a lo que, a su juicio, la represente: «guerrillera a la sombra de la ira». Poesía compadecida ante lo que origina el «estandarte de miseria, / madrugada de hambre, dentelladas al alma», como en la metáfora del ladronzuelo.

Basta por ahora estos nombres. Claro, que son muchos más; sólo marcamos el tema e indicamos que verse entre ese listado de participantes es ya de por sí honra. No hay temas en que no se haya poetizado con la necesaria dignidad del oficio.

(2) El tipo de textos cotidianos requiere de observaciones precisas, lenguaje concreto, y eso lo vemos en Raúl Alberto Abeillé y otros observadores como Oscar A. Agú, buen descriptor de los detalles femeninos, especialmente la mujer oprimida, explotada, la prostituida; su ver es como el oír a quien grita desde el desparpajo de los cuerpos porque explora temas de la cotidianidad sicológica con observaciones precisas de comportamiento, planteando el problema de las alienaciones.

La inhabilidad poética de entrar a la especificidad, al fondo de la verdad, se relaciona a la existencia desprovista de sentido. Este velamiento en la habitualidad quita gozo de vida y produce hastío. El poeta sabe, en su pensar originario y puro, que no se puede vivir de gratuidades, o sin fundamentación. El oficio esencial del poeta es transparentar, en beneficio propio y ajeno, lo que queda por perder o temer. Entonces, la voz del poeta es la más apasionada, la más conmovida y la grita a riesgo de una totalidad agobiante, presente, contra el ente-ser.

Claudia Villafañe Correa tiene una fluida, estructuralmente económica manera de capturar las descripciones de relaciones amorosas y hacer «retratos domésticos» con su artesanía de lenguaje amatorio. Esta poeta de Salta, Argentina, nos prueba que siempre se puede decir algo nuevo, emotivo y refrescante, con las menciones de «besos prohibidos» y detalles de lo cotidiano. En su poesía hay constante conjuración contra la privación sensorial, inhibición interna o toda limitación externa. Es mediante esa expresividad que se rescata lo que la poesía propone como su esencia originaria y su verdad.

Entre las formas simpáticas de captar lo cotidiano, pasarlo como si fueran fotografías «Instantáneas» a cuajarse en los versos, me encuentro al santafesino Oriel Visintini, creando sus inolvidables retratos de El Nene, Lucy, Inés, el Repartidor. En su aproximación, retrata de paso y llora «mi norte solitario / Norte y Sur opuestos por el vértice» Y en las escenas de sus textos, hay sentido de festejo para desafiar lo aburrido y monótono. Todas las acciones impulsivas o excesivas sin sentido, necesitan del proceso replanteador del poeta que saca polvo a lo cotidiano.

En la prosa, aunque la racionalidad y el pensar poético operen del mismo modo, Sergio Fombona ventila su escepticismo filosófico en su ensayito “Donde termina la risa”. Parecería que Fombona estuviese examinando el cansancio o fastidio que origina el guardar, arrinconar y olvidar el sentido de la vida, mismo que no requiere tantas presunciones o inventivas. La obsesión por el tener, al fin de cuentas, cesa, así, la risa, y es cuando percibimos la miseria del hastío, o cuando ya, cautivos destructivamente, pensamos que nada hay que divierta y distraiga auténticamente.

La especulación filosófica que descansa sobre un reconocimiento existencial y místico destaca con el santafesino Víctor Hugo Arévalo Jordán, para quien «el Hombre vive el mundo» que se guía por; «los designios secretos / de las leyes del espíritu», o una «naturaleza septenaria del ser» que responde a su vez a «Leyes del Cosmos». Mas, como planteamos en los inicios del temario, hay poetas que son oídos y observadores sociales en torno a si se utilizan bien los recursos dados y los dones, y Arévalo sobre el trabajo con la Palabra dice desde su convicción neognóstica: … la palabra, tan sólo la palabra,/de la sabiduría de nuestros padres, /los Antiguos sabios… […]será capaz de abrir el silencio («el silencio del hombre»)/ y cuando hable el Silencio, será tiempo/de sonrisa del Hombre, será luz, /será alegría.

El poema no pone culpa ni levanta otra denuncia que la victimización humana por este silencio que convierte la vida en invierno, metáfora que utiliza para la Maya / Ilusión de realidades fenoménicas. Si bien busca ecuanimidad en «el tránsito sereno de mi camino», observa: he visto al que gobierna por tres poderes, /la política, súplica de moscas en la telaraña, /el materialismo, lógica y razón confusa, /la traición, arma desleal de la serpiente…

El encendido de la Palabra y el desafío al «silencio incoherente», como tema que fluye recurrente y épicamente por la antología, lo descubrimos en los textos de Ana Lucía Montoya Rendón, (Valle del Cauca, Colombia). La poesía de Montoya es advocativa, dialogante, con ánimo reflexivo. «Y es la luz que enciende la letra. / La que ilumina al poeta. / La que receta profetas. / Y enseña la letra a los niños». Esta luz es la palabra, como material primario del poema y se reviste en esta muestra con sentido correctivo y consolador.

Estos reconocimientos a la Palabra («sutil caricia» de letras) que, en la antología se dan como hallazgos comunes, o el tema que hila tanta diversidad de sentidores y pensadores, para convertirlo en el tesoro escondido (de diamantes) que menciona Alicia Fontecilla, en su poema «La Palabra», cuando dice: «este tesoro / este diamante, este pequeño dios / este huracán de fuego». Y cuando se carece de la palabra, como se describe en “Poemas más que breves” de Gabriela Bruch (argentina), la sensación es desoladora.
IV /no /tengo nada que decir, no tengo nada que escribir /se fueron las /palabras /ahora son niños perdidos /pero sin ninguna isla a dónde /llegar

V /palabras como niños que se ausentan /colores que pugnan por estremecer(me) /una flor solitaria en la arena/ y el viento del sur /que jamás conocerá / las buenas costumbres /bendito sea

(3) Es interesante la meditación del bonaerense Luciano Doti sobre el proceso de creación. Utilizando metáforas cosmológicas en su ensayo, dice: «La noche es el territorio de la libertad, una dimensión donde reina el libre albedrío. El silencio, un agujero negro en la oscuridad». ¿En que otros autores vemos la intención de aproximarse descriptivamente al proceso estético?

Pienso en las metáforas e interrogantes de Belkis Arredondo Olivo (Venezuela) en torno a la suerte final de los poemas a los que compara con aves cautivas. Unos pajarillos (que son los) «pequeños aletean perseguidos / por lo que vivieron una vez / he pensado en soltarlos / me detiene que en la urbe / en libre albedrío mueran». Ante un esperado «día de fiesta», de estar juntos en «reencuentro» y ver al que vendrá, el trabajo de Belkis Arredondo con la pluma, las aves, el colibrí y la muerte, es fascinante.

(4) En muchos de los poetas que explorar su ser / su amimalidad y su misterio / desde capas profundas, no sociales, las imágenes de los Arquetipos le brindan el asidero. La chilena Alejandra Zahri enfrenta sus demonios en “Aullido de Loba en Celo”, “Brujo de pasiones” y en otros «Dioses del Olimpo», perfiles arquetípicos de «el demonio en el infierno» y «los ángeles, observando», el proceso intrapsíquico y sensual humano. Desde esta perspectiva también escribe Osvaldo Lázaro, argentino; pero, éste buscando ser consciente de sus métodos

Algunos de estos autores, más entre quienes cultivan la prosa (microrrelatos, cuentos y ensayos) lo mismo que la poesía, participan de la creación, en cuanto hay un examen y alerta socio-político que le mueve a dar de tal aspectualidad libremente; la aproximación a una cotidianidad que frustra representa otro asomo, así como los motivos de sicología de arquetipos. Los tres aspectos también podrían coincidirse como estímulos en ellos. Este es, por seguro, el caso de Norma Segades, la mexicana Lina Zerón y otras extraordinarias poetas convocadas a la Antología Anual «Sin Fronteras».

Para cada autor, este libro colectivo se vale como una colección parcial de algún aspecto, no como expresión holística ni panorámica de su obra. Concluir acerca de cuáles son las preferencias temáticas, estilística y autorales, de cada poeta o narrador incluido es difícil por el número limitado de textos. Siempre la muestra resulta pequeña y, como en el caso de Carlos M. Valenzuela Quintanar no es posible asignar a este autor una preferencia por el hedonismo amatorio, el culto a la belleza de las hembras (como es lo presentado en esta antología), cuando hemos visto por textos suyos muy definidas preocupaciones sociales y su particular compromiso con las causas campesinas de su México natal.

(5) Aunque creo que las imágenes, la plástica de color y forma, tiene su propio lenguaje, al que le pueden nacer palabras, aquí sólo podremos estremecernos ante la fuerza y expresividad de la muestra. Uno de los cuadros que más me gustaron lo contribuye la argentina Griselda García Cuerva; impresiona la oferta visual del peruano Oswaldo Mejía, desnudos de maniquí, que parecen desechados; un dibujo irreverente e impactante, acullá, de la zaragozana Pilar Bamba, cuadros de otro español, de Navarra, Elías Garralda Alzugaray, el arte de Roy Evans Miranda, chileno, Ricardo Calanchini (argentino, santafesino) entre otros. Finalmente, destacaría que hay una muy diversa muestra de arte y fotografía artística digital, destacando a Marta Zárate de Righi, de Argentina, y Xolot Polo (México DF-México)

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