Monogamia vs. poliamor

He estado leyendo el libro “El origen de la monogamia o La revolución de las féminas” de Javier Maffei. El autor sostiene ahí una teoría según la cual hace miles de años había en el mundo unas cien mujeres por cada hombre. Eso hacía que los hombres dispusieran de una gran cantidad de ellas para su goce sexual. Todavía no estaba establecida la monogamia, así que, las mujeres vivían en grupos de manera sedentaria, dedicadas a la agricultura y en menor medida la caza y la pesca, y los hombres nómades, se dedicaban casi exclusivamente a aparearse con ellas, yendo de un asentamiento a otro, de acuerdo a sus deseos. Si bien esto tiene bastante de especulativo, suena bastante posible.
Pero llegó un momento en que las mujeres se hartaron de tener que trabajar y criar a sus hijos solas mientras ellos sólo se dedicaban a disfrutar la comida y el sexo que ellas proporcionaban, por consiguiente, algunos grupos se habrían negado a recibirlos, cuando hallaron uno que los recibió, se quedaron más tiempo que el habitual hasta entonces, o sea, se empezó a valorar más el acceso a una mujer, estaba iniciándose la revolución de las féminas. Luego, quizás se marcharon a buscar otro grupo, pero fueron rechazados, finalmente decidieron volver al anterior, donde otra vez fueron recibidos, aunque esa vez, las mujeres, conocedoras de que ya eran ellos los interesados –por algo volvieron- se pusieron más exigentes, obligándolos a trabajar para ellas y sus hijos. Así, el hombre aprendió que para estar con una mujer había que trabajar, nacía la figura del macho-proveedor. Además, la proporción cien a uno ya no era tal. El autor lo atribuye a cambios biológicos, comenzaron a nacer más hombres… Podría ser otro motivo. La cuestión es que cada vez era más difícil tener una mujer, y si quería una de las más atractivas, demandaba más –billetera mata galán-. La competencia entre hombres por un “bien” que se había vuelto más escaso, dio origen al sistema capitalista; eso y el hecho de que ahora los hijos se reconocían como tales y se les dejaba herencia. Para hacerla corta, así llegamos a lo de hoy. Explotación de hombres por otros hombres para tener acceso a una mujer lo más atractiva posible y poder dejarle a nuestros vástagos una situación económica que les permita hacer lo mismo. Lo curioso es que si bien esto es obra del capitalismo, los sistemas socialistas no lo revocan. Todxs parecemos aceptar que hay que tener una pareja monógama y tener hijos con ella, aunque muchas veces no seamos felices y fantaseemos con la posibilidad de tener otras parejas ocasionales, pero eso sí, sin que la nuestra haga lo mismo. Esa relación posesiva originada hace miles de años, que muchos pensadores consideran una desviación antinatural, nos condena a no disfrutar de lo que es natural en los animales, y sería maravilloso en los seres humanos: poder acceder a cualquier pareja ocasional, con el sólo consentimiento de ella, sin que un tercero pueda reprochárnoslo, y sin que eso pueda generar un compromiso a futuro, o la necesidad de trabajar o explotar a otras personas para “pagarle”.
Hay que reconocer que en este siglo XXI, en que la mayoría de las mujeres trabaja, la figura del macho-proveedor ya no es tan necesaria. También, el divorcio y cierto liberalismo social permiten que se den algunas relaciones ocasionales. Pero aún falta mucho para restituir aquel orden natural perdido. Continúa habiendo una gran cantidad de mujeres que, pese a tener una situación económica independiente, siguen eligiendo hombres que están en condiciones de proveerlas y forjar un futuro permanente junto a ellas de manera exclusiva, por no decir posesiva. Y hombres que si bien disfrutan o disfrutarían de mujeres liberales, buscan reprimir esa liberalidad en sus parejas, madres e hijas. Aunque están en todo su derecho, habría que ver hasta dónde es una elección que no está condicionada por un mandato cultural o por no pensar cuánto ganarían cambiando.
Resultan interesantes el poliamor y el fenómeno swinger, en los cuales los individuos pueden acceder a tener sexo con otros aun teniendo una relación monógama que es la principal; una monogamia atenuada.

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